La creencia de que la vejez es un impedimento para recuperar la dentadura funcional está quedando atrás. Según la academia y la práctica clínica actual, el éxito de un implante dental depende del estado de salud integral del paciente y no de la fecha de nacimiento en su documento de identidad. Contrario a lo que se piensa, un adulto mayor con sus patologías controladas suele ser mejor candidato que un paciente joven con enfermedades mal monitoreadas.
Al respecto, la Dra. Olga Isabel Pacheco Cardozo, nueva directora del Programa de Especialización en Periodoncia de UNICOC, explica que la evaluación debe ser sistémica y personalizada: "Mucha gente cree que llegar a cierta edad les cierra la puerta a los implantes, y eso no es así. Lo que la ciencia nos dice es que no hay una edad máxima establecida; lo que decide es cómo está su salud integral. Un adulto de 75 años en buenas condiciones puede ser un excelente candidato. Incluso, para quienes han perdido todos sus dientes, se recomienda colocar mínimo dos implantes en la mandíbula para apoyar una prótesis, lo que mejora enormemente la nutrición y calidad de vida".
A pesar de esta apertura en la edad avanzada, existe un límite estricto en el extremo opuesto de la vida: la juventud. Los especialistas advierten que se debe garantizar que el desarrollo óseo del paciente haya finalizado, proceso que ocurre generalmente entre los 18 y 21 años. Colocar un implante antes de este hito biológico puede derivar en problemas de posición a futuro, ya que, a diferencia del diente natural, el implante no acompaña los cambios y el crecimiento del hueso maxilar.
En cuanto a la funcionalidad, el implante de titanio actúa como una raíz artificial que se integra al hueso, ofreciendo una ventaja drástica sobre las prótesis tradicionales. Mientras que una dentadura removible puede reducir la eficiencia al masticar hasta en un 75% y causar la reabsorción del hueso con el tiempo, el implante estimula el tejido óseo y lo preserva. Además, es una opción más conservadora para la salud bucal general, pues no requiere desgastar ni "tallar" los dientes vecinos sanos para sujetarse, como ocurre con los puentes fijos.
Finalmente, el éxito de este procedimiento, que requiere entre tres y seis meses para la integración total del hueso, depende del compromiso del paciente. Factores como el tabaquismo, la periodontitis activa o el uso de medicamentos específicos para los huesos deben ser evaluados rigurosamente. En casos de pacientes con deterioro cognitivo o limitaciones motrices, el acompañamiento de un cuidador es vital para mantener la higiene necesaria que garantice que el implante sea una solución de por vida.





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