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lunes, 2 de mayo de 2011

Sed y lluvias en la frontera


Más de dos semanas lleva el Norte de Santander sufriendo una cruel paradoja: mientras caen torrenciales lluvias y los ríos se desbordan, sus pobladores no cuentan con agua potable. Solo hasta esta semana, el operador del acueducto de Cúcuta, Aguas Kpital, restablecerá el suministro normal.

La sequía en la ciudad fronteriza se explica por el invierno. Las continuas precipitaciones elevaron de tal manera los niveles de turbiedad de los ríos Pamplonita y Zulia, que desbordaron la capacidad de potabilización de las plantas de tratamiento. Es decir, tanta agua lluvia dejó a la capital nortesantanderana sin agua limpia para el consumo.

Al mismo tiempo, esta segunda ola invernal dejó a la zona motilona prácticamente aislada. Las carreteras que conectan a Cúcuta con el interior del país y con la Costa Caribe están cerradas por los diluvios, y el desabastecimiento de productos básicos golpea a sus habitantes, en especial a los más pobres. El intercambio comercial, sangre vital de la frontera colombovenezolana, está paralizado. Como consecuencia, las mercancías no circulan y las fábricas detienen sus operaciones.

Dicho esto, la naturaleza no es la única responsable del subsiguiente caos urbano que experimentó Cúcuta por 15 días. Al igual que en el resto del territorio nacional, la actual temporada de lluvias constituye una emergencia anunciada. Si bien la empresa de acueducto no controla el lodo y las partículas de los caudales, lo mínimo que se espera es el despliegue de efectivos planes de contingencia en coordinación con las autoridades municipales.

No obstante, la respuesta del operador privado y de la Alcaldía local no ha estado a la altura del desafío. Es inconcebible, y hasta irresponsable, dejar un área metropolitana de casi un millón de personas sin suministro del líquido vital.

Los días pasaron sin el servicio básico y el desespero de los cucuteños fue en aumento. Las clases en los colegios, así como cirugías en los hospitales públicos, se suspendieron y los bomberos no contaban con el fluido para responder ante un incendio.

A la escasez de alimentos por el aislamiento se sumaron encendidas protestas callejeras, quema de recibos y hasta la perforación artesanal de tuberías por parte de sedientos ciudadanos. La combinación de un Gobierno central acosado por múltiples emergencias y una administración local sin el suficiente liderazgo dejó a cientos de miles de habitantes en una crisis sanitaria sin antecedentes.

Claramente, el colapso del sistema de acueducto de Cúcuta recoge ineficiencias del pasado. Además, el desdén por la protección de las cuencas de los ríos incrementa el lodo en los caudales y lleva a preguntarse por la vigilancia de las autoridades ambientales. Sin embargo, lo anterior no exime a Aguas Kpital de la debida planeación para la emergencia ni a la alcaldesa María Eugenia Riascos de no haber asumido su papel de líder de la ciudad.

Aunque la sed fronteriza está empezando a saciarse ante el restablecimiento del suministro, la situación está lejos de la normalidad. La visita del Ministro de Transporte debería generar salidas al aislamiento vial. Igualmente, la declaratoria de emergencia social por parte del gobernador del departamento es un llamado a Bogotá para prestar más atención a la región.

La sequía en Cúcuta debe disparar las alarmas en otras ciudades del país con acueductos vulnerables, entre ellas Bogotá, que ya anunció cambios en el color del líquido. La prevención del invierno debe incluir la protección de los más básicos sistemas urbanos, cuyo funcionamiento damos por sentado.


El Tiempo


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