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jueves, 12 de marzo de 2015

Mujeres: de musas a poetas - Por: Sebastián Felipe Gómez


Las mujeres han sido las víctimas principales de muchas atrocidades que podrían resumirse en dos grandes grupos: extremismos religiosos y la guerra. Nuestro machismo ha educado a las mujeres en patrones que las oprimen y las convierten en palomas mensajeras de un discurso de odio para sí mismas.

La ley, que en un estado democrático debería protegerlas, sigue pasándole por encima: la Corte Constitucional reconoció este año, en el Auto 009 de 2015,(lea aquí el Auto) que lo que ha cambiado desde el 2008, fecha en la que se emitió el Auto 092 que busca proteger especialmente a las mujeres víctimas de desplazamiento y violencia sexual, no ha sido mucho. Las instituciones del Estado aún no protegen a las mujeres ni las sacan de su permanente condición de vulnerabilidad en el marco del conflicto armado. Reconoce que como primera medida para transformar esta situación, el Estado debe trabajar en la deconstrucción de los estigmas que vuelven a las mujeres el blanco de la guerra.

Y esos estigmas pueden verse en Colombia sin mayor esfuerzo. Somos el principal país del mundo en cometer ataques con ácido (mire aquí la fuente)en los que la mayoría de sus víctimas son mujeres. La historia de Natalia Ponce de León, una joven bogotana, sirvió para visibilizar un crimen que reduce a miles de mujeres, de todos los estratos, a vivir en la amargura. Un crimen que no tiene nombre. Un crimen para destruir, para torturar, para matar en vida.

Somos, además, un país feminicida, como por naturaleza. Entre 2002 y 2009, 312.928 mujeres fueron agredidas por sus esposos, compañeros o ex esposos, con un marcado ascenso pasando de 36.460 en 2002 a 54.192 en 2009; es decir que en el 2002 diariamente 99 mujeres fueron víctimas de violencia de pareja y en el 2009, 148. (Lea aquí el libro ‘¿Será que a las mujeres nos matan porque nos aman?’ publicado por distintas organizaciones feministas en Colombia y escrito por Olga Amparo Sánchez)

Las cifras podrían ser eternas. Para abril de 2013 la participación laboral en Colombia era del 76% para los hombres y 54% para las mujeres. La inequidad salarial está alrededor del 21% (mire aquí los datos del Ministerio de Trabajo).Esto también es violencia.

Pero toda esa violencia que padecen las mujeres en Colombia sigue siendo invisible. Se oculta bajo discursos retóricos que afirman que el feminismo no es otra cosa que un ejercicio de victimización doble o una alharaca rebelde sin fundamento. El feminismo es el espacio para que las mujeres alcancen la igualdad que se les ha negado.

Por eso hay que marchar hoy, plantarse en plazas y parques para seguir gritando que no más violencia contra las mujeres, que ya basta de machismo. Hoy es el día en el que empezamos a reconocer que las mujeres nunca fueron solo musas, sino que son ellas, también, las poetas.

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