Es indudable la interdependencia del equilibrio ambiental y la calidad de vida del hombre. La sobreexplotación de los recursos naturales, la contaminación, el deterioro de los hábitats naturales, la modernidad, la deforestación y el inadecuado manejo de los residuos sólidos aceleran la pauperización del medioambiente que impacta negativamente en el bienestar humano. Por ello, es primordial que las sociedades locales promuevan la preservación de sus entornos ecológicos.
En Barranquilla, la Ciénaga de Mallorquín es una de sus principales reservas ecológicas. Otrora fue una red de penínsulas, islas y lagunas costeras conectadas entre sí, llena de bosques de manglar, que tenía un dinámico y permanente intercambio de agua y sedimentos con el río Magdalena, hasta 1935, cuando la construcción de los tajamares segó gran parte de los canales de comunicación con el río y el mar Caribe, alterando la salinidad adecuada para la supervivencia de los mangles y la fauna de este estuario.
De acuerdo con georreferenciaciones de la cartografía del geógrafo español Juan Fidalgo y descripciones del botánico francés Elisée Reclús, en el siglo 19 esta zona norte del departamento del Atlántico contaba con 7.000 hectáreas de bosques de manglar que se redujeron hasta llegar a 1.184 hectáreas en 1998, según estudio del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, y en 2005 solo eran 613 hectáreas, según el Invemar.
La megaobra de Bocas de Ceniza no ha sido el único factor responsable de su desmedro. También, el permanente vertimiento de sólidos y de aguas residuales, los crecientes asentamientos humanos irregulares y el relleno de áreas del humedal para construcciones industriales y portuarias, coadyuvaron a la pérdida de su área boscosa en la zona más continental, al igual que a la contaminación y reducción de su espejo de agua y la merma de su fauna y flora.
Un diagnóstico de la CRA, en su plan de acción 2012-2015, señala que la ciénaga perdió, entre 1980 y 2010, unas 650 hectáreas (el 43,18% de su extensión), mientras que el retroceso de su línea de costa fue de 2.200 metros.
En el lapso de los últimos 70 años, lamentablemente transformamos este pulmón natural en una especie de alcantarilla gigantesca con todas sus connotaciones ambientales nefastas.
En buena hora, Mallorquín fue incluida por las autoridades ambientales en el sistema de humedales protegidos bajo los lineamientos de la convención Ramsar y, además, cuenta con un Plan de Ordenamiento y Manejo de Cuenca (Pomca), aunque hasta ahora sigue deteriorándose.
Por eso es vital el impulso a la iniciativa de recuperación de esta ciénaga, presentada a principios de año por el señor alcalde Jaime Pumarejo, que propone la recuperación ambiental del cuerpo de agua y sus especies marinas y terrestres. Además, la construcción de un ecoparque con senderos ecológicos, miradores palafíticos y ciclovías. Este proyecto es primordial en la iniciativa de convertir a Barranquilla en la primera Biodiverciudad de Colombia.
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