Respingando el sol con el rocío leve de la mañana iba Esmeralda con su hijo Brayan hacia el Instituto María Teresa Forero del barrio Belén, la travesía se repetía diariamente desde el municipio de Los Patios, donde vivían. Mientras se entrecruzaban los alumnos en plena entrada despidiéndose de sus padres y corriendo, tratando de adelantarsen al timbre y al amenazador cierre de la puerta principal, en las afueras se encontraba Brayan en medio del fulgor, abismado, dispuesto a una nueva jornada estudiantil.
La rutina se rompió el día en que Jorge Alberto Benavidez, el entrenador de la Liga Norte Santandereana de Atletismo le hizo la invitación para ser un posible candidato de la escuela de formación deportiva. Luego de observar la fisionomía con arduo detalle gracias a su sigilo profesional Jorge Alberto sabía que el joven tenía mucho por dar. Brayan en la primaria había participado de la semana deportiva, algunas veces como atleta y otras como arquero del equipo de grado donde le iba muy bien, obteniendo algunas medallas, estos gratos recuerdos le ayudaron a tomar la decisión que le cambiaría su vida. Después de llamadas insistentes por casi un año, el acuerdo se concretó.
Brayan José Pinilla Vera es un joven de diecinueve años, alto, con tez clara, delgado, de cejas pobladas, ojos zarcos y cabello encrespado. Se encuentra en la pista del Estadio Bicentenario preparándose por el óvalo principal para iniciar el calentamiento, estiramiento de brazos, trote y carrera de 100 metros rumbo a la esperanza, a un horizonte de gran valor motivacional. Al otro lado de la pista su madre lo observa detenidamente: la parálisis cerebral y la discapacidad cognitiva moderada de Brayan no impiden que su mamá sueñe en verlo como un deportista que viaje a un mundo olímpico, como lo es TOKIO 2020.
A inicios del mes de diciembre del 2014, en medio de una reunión con el profe, quién indicó las particularidades y cualidades físicas, entre ellas, las piernas y pasos largos como puntos a favor de Brayan a la hora de correr, estaban a tan solo cuatro meses para poder participar del primer Open nacional en Medellín, evento de pruebas de modalidad pista de 100, 200, 400, 800 metros, relevos, saltos y en la modalidad campo en lanzamiento disco, bala y jabalina; pruebas clasificatorias para los juegos paranacionales, una motivación que no sería nada fácil, todo era empezar con ganas y con dedicación.
Brayan es un ser extraordinario, espontáneo, su condición no le impide ser aguerrido y comprometido con lo que le gusta. Esmeralda es el símbolo de la mujer berraca y la madre protectora que hace hasta lo imposible por ver a su hijo feliz. Razón por la cuál decidió estudiar la Técnica de Entrenamiento Deportivo con el SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje) convirtiéndose en su entrenadora personal. La madre trainer del joven promesa de la Liga Nortesantandereana de Atletismo.
Todo un mundo de ensueño entre glorias y tristezas han acompañado el día a día de Brayan que siempre ha contado con el apoyo de la familia. Desde la distancia su hermano Andrés tampoco lo desampara. Su querido padre Rodolfo Pinilla Arenas con su trabajo es el encargado del sostenimiento económico del hogar reconociendo además que Esmeralda también lo ha dado todo en el desarrollo deportivo de Brayan. Son una familia consagrada, unidos por una meta que huele a Brayan, que huele a éxito.
Esmeralda desde el Estadio, en los gimnasios y espacios deportivos del barrio se le ve muy entregada al rendimiento de su hijo, también está pendiente de cualquier reacción que pueda tener frente a su discapacidad y viaja con él a donde quiera que pueda ir.
Su residencia se encuentra ubicada en el barrio San José y una larga caminata que puede durar cincuenta minutos hasta llegar al centro de Cúcuta, para tomar el trasporte que lo lleve hasta la avenida Kennedy de la ciudadela de Juan Atalaya; lugar de los entrenamientos. Este recorrido a veces se vuelve tedioso por las altas temperaturas que azotan a la capital Norte Santandereana, el sueño arde, la motivación crece y el calor humano se apodera de cada movimiento muscular y en competencia que Brayan haga, sin duda, él es la mayor inspiración para los suyos.
En el primer momento de competición en la ciudad de Medellín participó como preparación y clasificación hacia los Juegos Paranacionales del 2015 en la ciudad de Cali. En este evento compitieron por los 100 metros planos ocho deportistas sobre la pista; a la espera de la salida por parte del juez, los nervios y la adrenalina estaban por encima de la atención al pitazo de partida. Era la primera vez que Brayan participaba en estos juegos.
El silbato anunciaba una cuasi comedia. Al principio un competidor “se robó la partida” muchos dan cuenta de la ansiedad de los deportistas, otros señalan a los árbitros como los inconsecuentes, el atleta echó a correr con la velocidad y la concentración extrema al punto que no podían pararle y decidieron los jueces dar un descanso de 10 minutos tras la jugada ilegítima. Pasado el tiempo estimado la competencia volvió a detenerse por la insistencia del mismo competidor en arrancar antes del pitazo final, mientras se murmuraba que algo pasaba tras bambalinas, de igual manera terminó descalificado.
Por tercera y última vez se dio la salida, la atención y la ansiedad aumentaban y terminaron pasándole factura a Brayan. Los jueces sancionaron otra falta de este novato que terminó igual que el anterior contrincante. La impotencia se vio reflejada, algunas lágrimas mojaron el rostro de Esmeralda. El profe Benavidez y Brayan reclamaron que se había pitado mal, pero de ahí no se pudo hacer nada.
Durante el 2016 con o sin la mala experiencia se intensificaron las rutinas y con ellas los propósitos comenzaban a aumentar. Era el primer año como deportista, poca experiencia pero con actitud positiva, arrolladora, con hambre de triunfo, de romper la pista y el campo. Brayan trabajaba motivado esperando que se acercara el siguiente Open, Juegos Nacionales que se realizan dos veces al año.
En Febrero viajó a la ciudad de Cali donde se vio reflejado el sacrificio, tres medallas catapultaron su espíritu ganador. En los 100 metros consiguió la primera medalla de bronce, en los 200 y 400 metros, preciadas de plata. De igual manera decide participar en los juegos Supérate de donde también llegaron alegrías.
Ese mismo año, en el mes de diciembre en Medellín, se trajo para la capital norte santandereana cinco preciadas; dos medallas de oro, dos de bronce y una de plata fue el resultado de la actividad en las diferentes modalidades. Brayan participó como juvenil y en la categoría de mayores por su condición deportiva y de discapacidad.
A la racha positiva y los grandes triunfos obtenidos, este joven cucuteño logra ganarse la concentración para los juegos Paramericanos que se realizaron en Sao Pablo, Brasil. El seis de diciembre viajó a Cali a reunirse con el equipo técnico y hacer las pruebas correspondientes. A finales de enero del 2017 le dan la noticia que fue escogido como candidato a representar a Colombia en Sao Pablo.
La dicha no cabía en la familia Pinilla Vera, el trámite de pasaporte estaba encima, viajar a otro país era algo inesperado, los sueños se estaban cumpliendo y tocaba sacarla del estadio con buenos resultados. Con tan solo 17 años de edad y dos como deportista, con ímpetu arrasó la pista. En los 100 metros obtuvo medalla de bronce, en los 400 preciada de plata y en los 200 metros no pudo conseguir debido a una caída inesperada.
Por estos logros empezó a obtener un tributo económico como apoyo para la familia y el cubrimiento de los gastos deportivos. El atletismo no es solo un deporte sino una fuente de trabajo a la que dedican tiempo y sacrificio, y se ven recompensadas en lo mejor de los casos en el pago de las preciadas obtenidas.
Durante este mismo año se vinieron los juegos Supérate Intercolegiados donde obtuvo medalla de bronce y plata, era un año lleno de glorias, convirtiéndose cada día en la promesa cumplida del atletismo.
En el 2018, la primera competencia fue en el mes de abril en la ciudad de Cali, en este certamen obtuvo su primera medalla bronce en lanzamiento de disco, en la modalidad campo con 28,99 metros, esta vez la medalla no se le escapó. A final de año en Barranquilla no logró mantener su racha ganadora pero si seguir con las marcas, manteniendo su clasificación en los 100 y 200 metros, y en lanzamiento de disco en el Paranacional que se realizará en Cartagena en el mes de diciembre del 2019.
Para este mismo año a inicios de mayo en Medellín se hizo la competencia, esta vez contando con deportistas de la talla de Latinoamérica, atletas de Costa Rica, Argentina, Perú y otros países estuvieron presentes, allí obtuvo la clasificación para los 400 metros y ganó medalla de bronce en lanzamiento de disco. A la fecha grandes logros ha obtenido este cucuteño, no solo él, sino una familia entera que le pone el alma y el corazón.
Un joven que encontró en el deporte otra vida, otra manera de superar su discapacidad y de superarse a sí mismo. Hoy con 19 años se encuentra validando el bachiderato cursando sexto grado. Alegre cuenta de su primer trabajo, el sentirse ocupado y con responsabilidades lo llena de orgullo, su labor la ejerce con el Instituto Municipal de Recreación y Deporte (IMRD), con los abuelos de la tercera edad mediante actividades físicas y recreativas, bailoterapias y en el apoyo de las actividades que realiza la institución. Con el dinero que gana manifiesta comprarse cosas personales.
Él es un orgullo para la familia y especialmente para Esmeralda, cada primero de febrero es una fecha para celebrar, sus cumpleaños vienen acompañado de alegrías, las tristezas quedaron en el pasado, el recordar esta historia desde el nacimiento de Brayan hizo que a su madre se le agudizara la voz, un nudo en la garganta trató de interrumpir el relato.
Para esta fecha en el año 2000, la señora Esmeralda daba a luz a este niño que nació por cesárea, una baja de tensión en el parto y la falta de oxígeno en el cerebro le ocasionaron problemas neurocerebrales; este fue el diagnóstico que le dio una fisioterapeuta particular siete meses después que Esmeralda preocupada observaba que el bebé no movía sus extremidades del lado izquierdo al igual que el derecho.
Desde ese entonces empezaron las terapias, cada cita era un mal recuerdo para el bebé, en medio de la sección, el niño lloraba hasta llegar el punto de convulsionar, al ver que su hijo torcía los ojos y trasbocaba angustiaba a la joven madre. Él no soportaba la mirada de la doctora y tampoco el tratamiento.
En busca de otros diagnósticos que le ayudaran a encontrar una mejoría, dio con un médico que le acabaría las esperanzas, manifestó que Brayan podía morirse en cualquier momento. Según su pronóstico el niño no tenía cerebro, era una simple masa que se encontraba en la cabeza. A tan magnitud de versión deciden hacerle un TAC que permitió ver la parte izquierda del cerebro muerta. La preocupación los abarcó por completo, la visita a otros neurólogos hizo que la zozobra bajara, el diagnostico errado por aquel doctor fue controvertido por estos especialistas, ellos aconsejaron seguir con el tratamiento para que llevara una vida normal, que estudiara en colegio particular y no en educación especial para que el niño no fuese a replicar dichos comportamientos.
Las convulsiones seguían, pero no tan constantes, un día al borde de romper llanto desde lo más profundo del alma y con el corazón angustiado de ver la situación salieron palabras de fe, como si estuviese retando a Dios.
“Señor si usted me lo mandó algún fin tiene, es tu hijo no es mío, sufrir no lo quiero ver, si usted me lo va a dejar yo trato de hacer lo que usted me ponga en él, sufrir no, si es así lléveselo”. Con dolor en el alma esas fueron las palabras de una madre desesperada, habló con Dios y esa fue la última vez en que Brayan convulsionó.





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