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martes, 30 de octubre de 2018

Cero violencia contra la mujer - POR JOSÉ CONSUEGRA


Los escándalos por golpizas a las mujeres son noticias diarias en Colombia. Mientras el hecho está en ebullición, en la prensa y redes sociales no paran las versiones sobre los hechos, las informaciones contextualizando la problemática del maltrato y las campañas de condena. Entre tanto, la violencia de género sigue entronizada en nuestra cultura machista, haciéndose más frecuentes estos ataques, a pesar de los avances en la legislación, la mayor conciencia crítica de los jóvenes y el importante esfuerzo de muchas organizaciones sociales para cambiar estos comportamientos inadecuados.

Mientras entre enero y agosto de 2017 fueron reportados 39.658 casos, en el mismo periodo de 2018 hubo 40.396, según Medicina Legal.

La investigadora María Nohemí González, experta en temas de género, plantea que la violencia contra la mujer responde a una situación de dominación en todos los órdenes, a la que se le denomina ‘patriarcal’ porque el poder se encuentra, mayoritariamente, en manos de los varones. En las relaciones de pareja, la dominación se tiende a conceptualizar y centrar, equivocadamente, en el poder del amor y, de esta manera, justifican los celos, las prohibiciones e, incluso, la violencia contra su pareja.

Hoy estas conductas son consideradas “normales” por la predominación machista y la tolerancia social hacia ella. De hecho, también se suelen minimizar ataques graves contra las mujeres, señalando que fueron respuestas a provocaciones de ellas.

De ninguna manera podemos generalizar que todos los hombres son violentos, pero la frecuencia con que salen a la luz pública estas agresiones nos muestran la gravedad de esta enfermedad social. Por esto, la necesidad de insistir en nuevos modelos de relacionamiento en la pareja, que se basen primordialmente en el amor, la confianza y el respeto. También se hace necesario cambiar las relaciones de poder y el grado de responsabilidades en las obligaciones domésticas y laborales, a través de potenciar la educación de la sociedad en valores de igualdad y resolución pacífica de conflictos.

Afortunadamente, las justas batallas por la igualdad de género han dado frutos en diversos escenarios. Uno de ellos fue el derecho a la educación superior que, desde la universidad medieval, estaba tácitamente prohibido. En nuestro país, a través del Acto Legislativo 1 de 1936, se declaró que “la mujer colombiana mayor de edad puede ejercer todas las profesiones aun aquellas que comprendan autoridad y jurisprudencia”, abriendo así las puertas de la universidad a la población femenina.

Hoy, en buena hora, ellas representan la mayoría de la población universitaria. En el caso de la Universidad Simón Bolívar, el 63% de nuestros estudiantes son mujeres, lo cual constituye un aporte a la construcción de una sociedad más incluyente.

Para poder continuar este camino propositivo que nos permita superar esta ignominiosa realidad machista, debemos cerrar filas alrededor de la mujer, quererla y defenderla con el amor sublime que se le dispensa a la madre.

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