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lunes, 5 de junio de 2017

SEGURIDAD VIAL: PERPLEJIDAD ANTE LO EVIDENTE - Por: Enrique López Pinilla.


Cuando quiera que se habla de seguridad vial en nuestro país, sin importar el orador o el auditorio, brotan en cascada un sin número de cifras y estadísticas que dejan sin duda perplejo a todo aquel que de manera imprevista las conozca por primera vez. Sí se parte del resultado y no de la causa, las más de 6.800 víctimas fatales consecuencia de los mal llamados “accidentes” de tránsito en el año 2016, permiten recrear en la mente una tragedia comparable con la desaparición de municipios completos como Belmira en Antioquia o Cubará en Boyacá. 

Mayor perplejidad producen las cifras asociadas con la seguridad vial en Colombia, cuando al examinar el ámbito jurídico nacional bajo la óptica de esta temática, se encuentra que la Constitución del noventa y uno instruyó a la seguridad como garantía para la libre circulación dentro del territorio -Art 24-, el Código Nacional de Tránsito once años después -Ley 769/2002- adoptó como principio a la seguridad para los usuarios de la infraestructura vial del país. El Código de Tránsito fue incluso más allá haciendo obligatoria la enseñanza sistemática en seguridad vial durante todo el proyecto educativo escolar desde el prescolar hasta la secundaria, lo que quiere decir que en la actualidad un colombiano de 18 años tendría que haber cursado la materia de seguridad vial durante toda su vida escolar. Conocen a alguien que lo haya tenido que hacer ? Por supuesto que no…

En estos días en que tanto se habla de procesos de paz, acuerdos y posconflicto, nuevos niveles de perplejidad se descubren al comprender que el primer conflicto reconocido en Colombia es aquel que aún permanece diariamente en las vías que atraviesan la geografía nacional convirtiendo a las carreteras en un teatro de operaciones para la muerte y la discapacidad. Para 2006 la Ley proponía a la educación vial como medio para lograr la convivencia en paz entre todos los actores de la vía. Miles de muertos han quedado sobre las vías en Colombia en todos estos años, la perplejidad se queda corta al conocer que el conflicto en las vías, comparado con el conflicto armado, con todas sus aristas y participantes irregulares e institucionales, nunca le dejó a nuestro país tantos muertos en un año, ni siquiera en sus momentos más álgidos y coyunturales. Para el año pasado 18 personas murieron diariamente en un siniestro vial.

El panorama no es tan sombrío hoy en día. El país ha comenzado a mirar hacia la seguridad vial reconociendo circunstancias tan elementales como que todos y cada uno de nosotros es un actor vial sin importar que seamos conductores, motociclistas, peatones, biciusuarios o pasajeros. Reconociendo entonces que somos un actor en la vía desde el instante que salimos de la casa, evidentemente nos convertimos en la víctima potencial de un incidente vial; tenemos entonces la responsabilidad más importante de todas: Llegar vivos y completicos de regreso a casa para abrazar a nuestra familia. Permitámonos encontrar hoy una nueva perplejidad, esa que produce el apreciar y valorar la vida más allá de nosotros mismos, actuando con tolerancia y respeto en cada instante que pasamos por la vía, evaluando los riesgos que corremos con actitud permanente de precaución y prevención. Celebremos la vida, consigamos la perplejidad ante lo evidente.


Enrique López Pinilla.
Experto Seguridad Vial

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