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martes, 15 de noviembre de 2016

HISTORIA DE UN EMPRENDEDOR - Por: John William Vásquez Capacho


El 23 de diciembre del año 2002, a eso de las 2 de la tarde; fue encontrado muerto un motociclista en la autopista que conduce de Bucaramanga a Piedecuesta en Santander, Colombia. Un taxista lo vio tirado en el pavimento y al observar que los carros pasaban de largo y nadie se detenía a auxiliarlo decidió llevarlo a la clínica más cercana que era la Ardilla Lulle ubicada en Floridablanca. El joven sin signos vitales ingresa a la clínica a las 5 pm. Al médico de turno le informan que ingresó  el cadáver de una persona al parecer joven que recién sufrió un accidente. El médico pide revisar sus documentos y confirman sus 26 años de edad y dice:

-           Probemos reanimarlo!

Solicita a la enfermera jefe de turno alistar el desfibrilador para iniciar el proceso de reanimación. El cuerpo presenta una herida en la cabeza, el cabello lleno de sangre supone una contusión severa de cráneo induciendo a una muerte cerebral. Al palpar sus extremidades no se muestra evidencia de fractura de otro hueso, solo muestra una lesión leve en el tobillo derecho sin comprometer tejidos blandos. Vestía jean, camisa blanca y sandalias tipo playeras.., hacia solo unas horas él se alistaba para almorzar cuando recibió la llamada de unos compañeros que estudiaron con él en el colegio, quedando de ir a jugar poker como siempre lo solían hacer en el barrio San Carlos del municipio de Piedecuesta. Terminó de almorzar, le dio un tierno beso en la frente a su abuelita y le dijo:

-           Abuelita, me voy donde Orlando un rato, nos vemos en la noche.

Ella respondió:

-           Que Dios lo bendiga mijo.

En la puerta grito:

-           Chao Monica!, recuerde tenerle comida a mi mami en la noche.

Bajó las escaleras del cuarto piso, llego al parqueadero y vio su moto. Una Zuzuki AK100 que había comprado ahorrando de su trabajo de dictar clases de natación a niños y lo ahorrado de su práctica profesional como tecnólogo electrónico, práctica que hizo en la clínica donde trabajaba su mamá. Prendió la moto y se fue.   Un par de las enfermeras de urgencias lo acuestan en la una camilla de la sala de emergencias, rompen la camisa con una tijera dejando su pecho al descubierto. Adaptan todos los instrumentos y equipos necesarios para iniciar la reanimación y gritan:

-           Doctor! Ya esta listo!.

Su cara inflamada reflejaba la violencia con que su cráneo recibió el impacto en la cabeza. El médico lo ve y piensa:

-           “Uff este man se jodió la cabeza”.

-           Pregunta: Llevaba casco?

Una enfermera responde:

-           Si Doctor, el taxista dijo que cuando llego al sitio del accidente el muchacho tenía el casco en la mano como si se lo hubiera quitado después del golpe.
El médico pensó:

-           mmm, como difícil que alguien se quite el casco después de tremendo tramacazo.

-           Y analizó: Si no hubiera llevado el casco puesto, lo más seguro es que los sesos del cerebro terminaran en el pavimento como siempre ocurre en estos accidentes.

Sin pensar en nada más, se pone manos a la obra y comienza la reanimación:

-           Alisten, carguen… PUM! Uno, dos, tres…
El paciente no responde….., pasan 5 minutos y sin descanso se escucha en la sala de urgencias:

-           Alisten, carguen… PUM! Uno, dos, tres…

-           Alisten, carguen… PUM! Uno, dos, tres…

-           Alisten, carguen… PUM! Uno, dos, tres…

Nada. 15 minutos, ninguna reacción..., corre sudor por la frente el médico y en sus ojos se refleja la perdida de la esperanza de verlo reaccionar. Desde la clínica llaman a la casa del paciente. Contesta la hermana menor y le preguntan si son parientes. Ella responde que sí. Le informan que su hermano sufrió un accidente y está en un grave estado. Ella cuelga el teléfono con la mano temblorosa y la mirada absorta. Se le llenan los ojos de gruesos goterones y pasan casi 30 segundos sin reaccionar.   Suelta un sollozo, lleva sus manos a la cara y comienza a llorar en silencio repitiendo:

-           “mi hermanito no, Dios mío”, “mi hermanito no”…… MIERDA!

Grita con rabia y frustración. No sabe cómo contarle a la abuela que es la única persona que está en la casa con ella. Se calma un poco. Respira profundamente y ve a la abuelita que está sentada tejiendo con dulzura una bufanda para su adorado nieto, único hijo varón en el que familia tenía puestas sus más afortunadas esperanzas. Levanta la cara viendo los ojos de Mónica llenos de lágrimas. Con miedo le pregunta:

-           Qué pasó mija?.....

Ella le responde:

-           Abuelita mi hermano se accidentó y está muy grave en la clínica.

La abuela con voz pausada y serena, propia de la madurez y sabiduría que da la vejez le dice:

-           mija llame a su mama y le cuenta.

La mama es una enfermera que trabaja en una clínica de la cuidad, siendo de esas personas tranquilas, trabajadora y jovial que la vida debería rodearla siempre de buenas noticias. Recibe el anuncio de una llamada y cuando descuelga el teléfono se oye por el auricular:

-           mami, mi hermano se accidentó y está muy grave en la Clínica Ardilla Lulle.

La mamá, piensa en su hijo...., recuerda el momento que nació y vio sus ojitos chiquiticos por primera vez... Se le escurre una lágrima por la mejilla y queda en silencio por un rato. Repica por el teléfono:

-           mami?, mami?

La mama regresa de sus pensamientos y le responde:

-           Tranquila mamita, todo va a estar bien. Donde está

Mónica responde:

-           En la Ardila Lulle

Con la voz cortada, dice la mamá:


-           Salgo para allá.

CONTINUARÁ

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