Juan Carlos Quintero Calderón
No todo lo que enriquece al ser
humano es formulado a través de unas teorías como las que en muchas ocasiones
se discuten en este espacio de reflexión empresarial para los ejecutivos de
diferentes profesiones. Hay otras formas como la espiritualidad, las
relaciones, el desarrollo de hábitos saludables, entre otros. Todas estas
formas conllevan a lograr personas de éxito que tendrán como prioridad servir a
los demás a través de la utilización de los talentos de su especialidad.
Sin embargo, la carencia de
servir era mencionada por Tom Peters en su visita a Colombia, “parece que a la
academia solo le interesara formar robots, profesionales muy bien fundamentados
preparados para enfrentar la toma de decisiones y agiles de pensamiento, pero
que carecen de la más mínima muestra de humildad, respeto, capacidad de escucha
y sobre todo de la disposición de servir”. Por eso, las personas que
denominamos “engreídas, soberbias, arrogantes, jactanciosas, orgullosas,
altaneras” no podemos esperar que estén atentas a servir a no ser que de por
medio exista algún tipo de interés. Este fenómeno cultural está presente en
todo tipo de organizaciones y atenta, especialmente, contra uno de los activos
más valiosos de una empresa: Los clientes.
Esa grandeza se evidencia en esta
corta fábula: Un científico descubrió una manera de copiar cualquier cosa sin
que las personas pudiesen distinguir entre la copia y el original. Un día se
enteró que lo andaba buscando el ángel de la muerte y decidió hacer una docena
de copias, al llegar el ángel no tenía forma de saber cuál de los trece
ejemplares era el científico y decidió regresar al cielo. Ese ángel que conocía
la naturaleza humana regresó tiempo después y dijo “el científico que hizo
estas reproducciones de si mismo es un genio, sin embargo, la obra tiene un
único defecto y en ese momento el científico pegó un salto y gritó:
“¡Imposible! ¿Cuál defecto?”; “Justamente aquí” replicó el ángel mientras se lo
llevaba consigo.
Muchas veces para descubrir lo
dañino del ego solamente hace falta decirle una palabra de adulación o critica
para entender que carecen de humildad. Ese valor también se pierde cuando: esas
personas serviciales, que sonreían cuando estaban en un nivel jerárquico bajo
empiezan a subir, parece que olvidaran de dónde vienen y los ascensos se le
subieran a la cabeza, otros casos son los de personas que fruto de sus
relaciones ocupan posiciones privilegiadas más por suerte que por méritos, a
otros, los títulos terminan encegueciéndolos y no aceptan que pueden haber
personas más talentosas. Inclusive, si llegan a ocupar posiciones privilegiadas
como todos los seres humanos se equivocan, pero ese no es el verdadero
problema, la cuestión es que reconozcan que se equivocaron y olvidan, al igual
que los anteriores casos, que con el tiempo la vida les pasará la factura.
Le invitó a reflexionar
que antes que doctor, ingeniero, arquitecto o abogado usted tiene un nombre,
que el cargo no lo hace ser más que los demás porque el que le da la altura al
cargo es usted y que la grandeza de un ser humano está en servirle a los demás
y esa es la principal misión de las empresas en el mundo. Recuerde que para
tratar con personas hay que ser persona.





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