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miércoles, 4 de abril de 2012

Cien días de grandes cosas


Por: Pedro Durán Barajas

El alcalde habla sobre grandes cosas mientras comete grandes errores. Por fortuna solo lleva cien días. Para enderezarlos, le quedan por delante mil trescientos sesenta días más.

El alcalde es un hombre inteligente y trabajador pero sin buen pulso, porque delira con grandes cosas que lo impacientan y lo distraen. Sueña con ser el mejor alcalde de la historia cucuteña, sin advertir que para lograrlo apenas necesita saber cuáles obras de gobierno son a la vez necesarias y posibles. Al cabo de estos primeros cien días, ya debería saber que Cúcuta no lo necesita para que sueñe con grandes cosas, sino para que haga bien lo que es posible hacer, sin los desaciertos que comete quien se ilusiona con las promesas de sus propios sueños.

Entre sus primeros actos de gobierno se cuentan unos buenos y otros muy malos, por los que vale la pena comenzar con los primeros, dejando los segundos para cerrar con un dulce final a manera de postre.

Entre los primeros errores, tanto en el tiempo como en su gravedad, está la decisión de revocar la adjudicación de los tres contratos para reparar las vías de la ciudad, que fueron antecedidos por un proceso licitatorio adelantado por la pasada administración municipal. Según los mejor entendidos en Derecho Administrativo, el Municipio lleva las de perder ante las demandas de los adjudicatarios, que ya solicitaron la conciliación prejudicial. Para colmo de males, cuando el alcalde fue por los veinte mil millones para adelantar una nueva licitación, el Banco de Colombia le negó el desembolso. En conclusión, la ciudad se quedó este año sin dinero para reparar las calles, sin los contratos que ya se habían adjudicado, y con tres demandas muy costosas. Apenas dos mil millones destinados al pago de los intereses del crédito frustrado es lo que quedó para los reparcheos que ya comenzaron, pero que no durarán mucho.

Otro error que se disputa el primer lugar es la terca insistencia en establecer el monto del impuesto predial con base en los nuevos avalúos catastrales, poniendo como límite el doble de lo tributado el año pasado. Grave error no aceptar el diálogo con los gremios, las centrales obreras y muchos ciudadanos que proponen aplazar durante un año la vigencia de la actualización catastral. La falta de consenso en torno a un asunto tan importante supone que vendrán miles de reclamos ante el IGAC y la Secretaría de Hacienda, y acciones de nulidad -como la que prepara el Colegio de Abogados- que pueden disminuir el recaudo del impuesto.

La recuperación del espacio público es un tema vital. En Cúcuta este problema es más grave que en cualquier otra ciudad colombiana porque tenemos la economía más informalizada del país. Como el Municipio tiene la doble obligación constitucional de garantizar el espacio público y amparar a sus ciudadanos pobres, que son la gran mayoría de los vendedores ambulantes, este tema exige diseñar una política pública de capacitación, reconversión laboral y formalización. No debe ser solo una decisión policiva apresurada, sino un gran propósito de la alcaldía que debe planearse mejor para que surta efectos duraderos.

Ha habido mucho ruido en torno a asuntos nebulosos, como cuando el mismo alcalde habló de un gran fraude en la Secretaría de Hacienda, que fue allanada por el CTI. Por lo visto, el escándalo no sirvió sino para acrecentar la desconfianza de la Banca y el Ministerio de Hacienda en el Municipio.

Otra gran promesa incumplida ha sido la revisión juiciosa de las grandes concesiones del Municipio y del régimen tarifario de las empresas de servicios públicos. El agua, el aseo, la escombrera, el alumbrado público y la energía, siguen inmutables. Poner en tela de juicio un contrato de concesión de servicios públicos es tarea de buenos abogados, economistas, contadores e ingenieros. Alguna vez se anunció que dos abogadas bogotanas emprenderían el trabajo, anuncio que solo causa risa y desconsuelo ante la magnitud de una tarea que debe involucrar a los gremios, las universidades y a la ciudadanía. Remata graciosamente esta promesa incumplida la noticia de prensa de hace dos días sobre la visita de un francés, que llegó con la fórmula para tratar las aguas residuales de la ciudad mediante otra concesión.

Ni hablemos de las veinte mil casas, que por lo pronto se limitan al proyecto de Odicco Ltda., detrás de Antonia Santos, en los confines de Cúcuta. Algo es algo, pero está pendiente diseñar una verdadera estrategia de vivienda dentro del Plan de Desarrollo Municipal -del que casi nadie habla- que sea correspondiente con el nuevo plan de ordenamiento territorial, con las etapas de la concesión del acueducto, con las realidades de la política nacional de vivienda y con el capítulo sobre el Impuesto Predial del Estatuto Tributario, que debe reformarse para incentivar este frente clave de la política pública municipal.

El alcalde puede mejorar. Tiene una ciudad entera esperanzada en él. Tiene mucha gente que todavía le cree. Tiene un equipo de gobierno integrado por personas capaces. Tiene mucho tiempo. Tiene talento, hasta ahora mal encausado. Tiene las facilidades políticas que le otorga un Concejo Municipal condescendiente y muchos congresistas dispuestos a entablar acuerdos de mutua cooperación. A lo largo de estos cien días, el Concejo le ha autorizado todo cuanto ha pedido. Solo necesita saber oír a quienes pueden ayudarlo, y advertir que ahora es el alcalde de una ciudad enfrentada a duras realidades, y no un presentador de noticias sobre grandes cosas.pedroduranbarajas.blogspot.com

economistas, contadores e ingenieros. Alguna vez se anunció que dos abogadas bogotanas emprenderían el trabajo, anuncio que solo causa risa y desconsuelo ante la magnitud de una tarea que debe involucrar a los gremios, las universidades y a la ciudadanía. Remata graciosamente esta promesa incumplida la noticia de prensa de hace dos días sobre la visita de un francés, que llegó con la fórmula para tratar las aguas residuales de la ciudad mediante otra concesión.

Ni hablemos de las veinte mil casas, que por lo pronto se limitan al proyecto de Odicco Ltda., detrás de Antonia Santos, en los confines de Cúcuta. Algo es algo, pero está pendiente diseñar una verdadera estrategia de vivienda dentro del Plan de Desarrollo Municipal -del que casi nadie habla- que sea correspondiente con el nuevo plan de ordenamiento territorial, con las etapas de la concesión del acueducto, con las realidades de la política nacional de vivienda y con el capítulo sobre el Impuesto Predial del Estatuto Tributario, que debe reformarse para incentivar este frente clave de la política pública municipal.

El alcalde puede mejorar. Tiene una ciudad entera esperanzada en él. Tiene mucha gente que todavía le cree. Tiene un equipo de gobierno integrado por personas capaces. Tiene mucho tiempo. Tiene talento, hasta ahora mal encausado. Tiene las facilidades políticas que le otorga un Concejo Municipal condescendiente y muchos congresistas dispuestos a entablar acuerdos de mutua cooperación. A lo largo de estos cien días, el Concejo le ha autorizado todo cuanto ha pedido. Solo necesita saber oír a quienes pueden ayudarlo, y advertir que ahora es el alcalde de una ciudad enfrentada a duras realidades, y no un presentador de noticias sobre grandes cosas.


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