1.-Ante la real, inocultable y tremenda encrucijada en que nos hallamos, son muchos los interrogantes y posturas que exteriorizan quienes se preocupan por lo que está sucediendo y ante los hechos planetarios, cuyas causas y efectos, vienen perturbando a todos los gobiernos y sacudiendo el transcurrir de la humanidad. Y, entre nosotros, la situación es dramática- tal como igualmente ocurre en lo nacional -, porque siendo dependientes en lo económico y muy marginales en lo social y político, lo que pueda venir en soluciones y alternativas, en gran medida , dependerá de las ayudas que se puedan canalizar y del esfuerzo mancomunado, técnico y bien cohesionado que se priorice y encamine en la búsqueda de nuevas alternativas de acción y de vida, por intermedio de la propia sociedad que vive y experimenta, estos traumas. Estimar, que aquí podemos salir de semejante entuerto, bajo la tutela y auxiliares ya trajinados y no, sobre concepciones y visiones revitalizadoras en la búsqueda de gestiones generadoras de empleo, ahorro, capacitación y aprovechamiento de ventajas comparativas, es tanto, como considerar que no se necesite una renovación y una reestructuración directiva que cobije todo lo alusivo al sector político y público, como a lo sectorial en lo privado, extendido a lo profesional, gremial y laboral. O, que no evaluemos, midamos y pulsemos con serenidad y buen juicio lo que viene aconteciendo en el mundo –y, sin olvidar a Venezuela -, por las implicaciones internacionales y en nuestras relaciones interfronterizas.Eso y reconocer, que entre nosotros, hay una crisis humana, mucho más grave que la natural o física, que se viene advirtiendo con la capa de ozono, derrumbes, temblores, alteraciones climáticas, trepidar de volcanes y “ mucha agua “: por avisos de la misma naturaleza, debe constituir el principio, de cualquier examen o confrontación de pareceres.
2.- ¿Qué hacer, entonces y por dónde arrancar? Comprender y aceptar, que debe originarse un significativo y real cambio de actitudes y conductas, que llegue hasta los cimientos de nuestra sociedad, para que se produzca un auténtico renacer de identidades y un legítimo y verdadero espíritu de pertenencia, es lo esencial. Y, porque, la magnitud de la situación y de las circunstancias, no se arreglan con las fórmulas del trajinado y decrépito electorerísmo politiquero, que pulula por todas partes y que ha olvidado y relegado lo principal, global y comunitario, por lo grupísta e individualista, bajo el amparo de mentirosas propuestas, producto de contratos y actividades arregladas y corrompidas.
3.-Advertido- por amplio consenso - que la academia debe comprometerse en este proceso de transformación, es bueno, importante y consecuente, que así sea, pero sin dejar pasar por alto, que nuestras universidades y docentes, por ser ejes y constituir los principales sujetos gestores y pilares de ese cambio - que tanto se ansía y requiere -, también deben auto corregirse y transformarse para otorgarle a la capacitación e investigación, la calidad, seriedad y responsabilidad, que son imprescindibles en esa vinculación endógena, en procura de construir una nueva, actualizada, honesta y más dinámica y comprometida sociedad.
Por: José Neira Rey




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