El conflicto de Medio Oriente sigue alimentando la crisis de la gasolina en América Latina, y en Colombia se suma el incremento de precio que dictó el gobierno y que ha generado tanto debate en el país.
El impacto de esta inestabilidad no solo ha golpeado el bolsillo de los conductores, sino también de las empresas que dependen de grandes flotas de transporte o de cadenas logísticas, para quienes el combustible es uno de los gastos más grandes, y cuya volatilidad termina por afectar otros eslabones de la economía.
Parece que salir afectado por las alzas es inevitable, pero en realidad sí puede haber mejores maneras de reaccionar y mantener “la balsa estable”. No obstante, las empresas suelen encontrarse con un bache histórico, y es el de los métodos tradicionales de gestión que hacen lenta la reacción del negocio ante la crisis.
Según un reciente caso de estudio desarrollado por EPAM, una empresa líder en transformación digital e inteligencia artificial con presencia en Colombia, depender de flujos de trabajo manuales, con hojas de cálculo y herramientas heredadas genera una grave restricción de escalabilidad que impide a las juntas directivas asimilar las complejidades del mercado energético a gran escala.
“El rezago operativo de esos métodos manuales no permite que los datos se integren con los sistemas centrales de registro de las empresas”, advierte Fernando Silvestre, Managing Director de EPAM Colombia. “Por eso las empresas que dependen del combustible están acudiendo a plataformas avanzadas de Gestión de Riesgos y Comercio de Materias Primas”.
Las CTRM, por sus siglas en inglés, son arquitecturas digitales unificadas que permiten evaluar las fluctuaciones del mercado en tiempo real, optimizar los procesos de toma de decisiones de extremo a extremo y conectar la operación corporativa directamente con los mercados de intercambio internacionales.
Al implementar este tipo de analítica automatizada y estrategias de aprovisionamiento estratégico, las organizaciones adquieren una capacidad sin precedentes para gestionar de forma eficiente un capital que puede superar los 5.000 millones de dólares anuales en consumo de combustible.
Con esto, se pueden diseñar escenarios predictivos para "congelar" tarifas y predecir variaciones de costos, logrando así una reducción drástica de su exposición a la volatilidad de los precios de las materias primas y asegurando un gasto operativo mucho más estable.
"La gestión del gasto en combustible no puede seguir dependiendo de metodologías del pasado basadas en la intuición o en registros estáticos", señala Fernando Silvestre. "Si las empresas implementan una hoja de ruta tecnológica moderna, pueden alinear las necesidades del negocio con herramientas de automatización de procesos y optimización de software, reduciendo al máximo el riesgo financiero”.
Según detalla el experto de EPAM, al evaluar de manera científica las alternativas de plataformas de mercado y realizar proyecciones de retorno de inversión con base en datos en tiempo real, las empresas pueden construir bases operativas sólidas para alcanzar una predictibilidad financiera de clase mundial.
Las compañías deben dejar atrás la burocracia técnica de las operaciones manuales y rediseñar sus modelos operativos, para que puedan centralizar la información de sus consumos y anticipar tendencias del mercado global. De esta manera se protege la rentabilidad del negocio y se impacta menos en los eslabones de la cadena productiva.





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