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martes, 17 de marzo de 2020

Ni terror ni apatía: cordura - POR JOSÉ CONSUEGRA


La modernización y masificación de los medios de transporte en el mundo actual nos permiten viajar con rapidez y sin complicaciones al interior de los continentes y, entre ellos, sin barreras distintas a las normas de visado que cada país impone a sus visitantes. Si hace diez años llegar a Australia tomaba de dos a tres días, hoy, con vuelos directos, se puede hacer en 18 horas.
De la misma forma, la virtualización e hiperconectividad de la humanidad facilita conocer personas, trabajar y hacer negocios sin moverse de su sitio; además, saber lo que está pasando en cualquier lugar mediante un simple clic en la web. Si en el pasado el impacto de los hechos sucedidos en una comunidad se limitaban al contexto local, en la actualidad se globalizan en cuestión de segundos. 
No cabe duda de que estos dos grandes avances que nos facilitan la vida y el bienestar, al mismo tiempo se han constituido en el medio perfecto para la veloz transmisión de enfermedades —como lo estamos viviendo ahora con el COVID-19—, e igualmente en el ámbito ideal para la generación de terror y miedo que desemboca en paranoia masiva.
El seguimiento mediático a la pandemia de coronavirus y la gama de conceptos de expertos, conocedores, influencers, tuiteros y público en general, que recibimos a través de las diversas plataformas de comunicación, nos han puesto a hablar a todos del mismo tema, indistintamente de que nos encontremos en Wuhan, Milán, Nueva York o Barranquilla. Es muy preocupante la circulación de contenidos apocalípticos que en nada contribuyen a la atención de la emergencia; todo lo contrario, pueden llevar al deterioro de la salud mental general, a estrés sostenido y desencadenamiento en actitudes hostiles a los viajeros y acciones xenofóbicas.
También, mediante comunicados oficiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las autoridades nacionales, se difunden planteamientos científicos fundamentados en estudios debidamente probados y publicados en revistas especializadas, que nos invitan a mantener la calma sin descuidarnos de las medidas preventivas para evitar el contagio. 
Los países, a través de sus gobiernos, han definido planes de contingencia para mitigar la propagación y proteger la salud y vida de sus poblaciones. Es necesario que la ciudadanía, además de acatarlas, participe activamente en su implementación. 
China está dando ejemplo de cómo asumir semejante reto pues en estos momentos los casos de contagiados han disminuido, más del 70% de afectados están recuperados y, paulatinamente, el país retoma sus actividades.
Los expertos coinciden en que la higiene personal, postergar eventos masivos, aislamiento temporal preventivo, son apropiados para la prevención de la enfermedad.
Todos, con cordura, desde la casa, el colegio, la oficina, la universidad, la fábrica, etc., debemos contribuir a lograr el objetivo común de frenar la pandemia y la paranoia mientras la humanidad elabora la vacuna que permita generar inmunidad ante dicho virus.

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