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viernes, 24 de febrero de 2017

Déja Vu - Por: Renson Said


Una funcionaria de la alcaldía de Cúcuta es acusada de robar a la gente con promesas falsas de vivienda gratis. Y de pronto, uno siente un Déja Vu. No se trata solo de que sea algo que uno haya vivido o sentido antes, sino que es algo que sucede a menudo, que se repite constantemente; porque nuestra historia –la historia de nuestra ciudad no es la historia del calor- uno la puede seguir en los actos fraudulentos y criminales de los que han tenido la responsabilidad de administrar la región.

Otras ciudades recuerdan su historia administrativa por el inicio del funcionamiento de un tren o por su desarrollo urbanístico. En Cúcuta, en cambio, nuestra historia trágica está marcada no por lo que tenemos sino por lo que nos han quitado. No por el tren, sino porque una vez tuvimos uno. No recordamos nuestra historia por las viviendas creadas sino por las promesas de viviendas incumplidas. Es decir, no por el edifico, sino por el terremoto.

Las únicas noticias buenas son aquellas que son malas porque no son ciertas: el Grupo Élite de la policía para mejorar la movilidad, por ejemplo, del año pasado, no dejó más huella que los comparendos exagerados a infracciones menores en una ciudad en que la prioridad está en la semaforización y en el mejoramiento de las cámaras de seguridad. No hay semáforos ni cámaras, pero tenemos comparendos. Y cada vez la ciudad se hunde más en la pobreza y el desempleo. ¿Y dónde están los senadores de Norte de Santander? Trabajando para que sus hijos hagan carrera política y les cuiden sus espaldas.

Porque son ellos (cuyos sueldos millonarios no les alcanza para pagar la gasolina de sus camionetas) los que se han robado lo mejor que ha tenido la ciudad. Nos han robado el municipio, los parques, la lotería, la licorera, la empresa de energía, la alimentación de los niños, las escuelas, los colegios y hasta el Cúcuta Deportivo. Lo único que nos queda es la coca del Catatumbo y ya tiene dueño.

Son funcionarios que han envilecido y deshonrado el arte de la política. Y han corrompido al elector. Por eso nadie protesta. Los únicos que salen a decir algo son los mismos funcionarios o sus hijos, que van al parque Santander para hacer prácticas de campo hablándoles a las palomas y a los emboladores para cuando les toque una secretaría o una curul en el senado, ya han afinado el milenario arte de la retórica vacía. 

Por eso no creo en un partido conservador que tenga a Juan Manuel Corzo como guía espiritual. Ni en un partido liberal que redujo su participación política a la conservación de sus privilegios. Ni en un partido de izquierda, burocratizado y oxidado, que solo sirve para pedir puestos. Ni en “esos independientes” que buscan la revocatoria del alcalde (y cuyos dineros para sostener el movimiento no se sabe si viene de algún ex alcalde o de un bolsillo generoso) pero que ya veremos silenciados cuando el alcalde les compre la bulla que están haciendo. 

Son tan ineptos, tan estúpidos, tan incompetentes, que se inventan la infamia de la promesa de vivienda para que la gente los escuche. Y la gente los escucha, como en un déja vu, como en un déja vécu.

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